Adiós a Pepe Nieto, músico, hostelero y activista vecinal | Somos Chamberí

Adiós a Pepe Nieto, músico, hostelero y activista vecinal

El conocido propietario del restaurante El Ferry falleció el pasado 4 de marzo. Sus clientes y compañeros del movimiento asociativo del distrito recuerdan a este vecino que inició la reivindicación vecinal que pidió y consiguió un parque en lugar del campo de golf del Canal

José Nieto, en el centro, tocando el saxofón durante la primera fiesta de Parque Sí en la Sala Clamores, en 2007

Dicen los que conocían a José Nieto (Medina del Campo, 1954 – Madrid, 2019) que Pepe era «generoso, entregado, luchador, cariñoso» pero que sobre todo era alguien «que unía mucho». Lo hizo en el restaurante de la calle Sandoval que regentaba desde hacía seis años y también en el grupo de vecinos de Chamberí que consiguió echar abajo el campo de golf ilegal del Canal de Isabel II.

Vallisoletano de nacimiento, el amor por la música -era saxofonista– llevó a Pepe a pasar buena parte de su vida en Estados Unidos, donde se licenció en estudios de jazz instrumental en el City College of New York. Allí residió durante 16 años, durante los cuales ejerció muchas profesiones, desde jefe de cocina a músico callejero, pasando por programador de sistemas informáticos autodidacta. Volvió de Nueva York en 2001, después del atentado contra las Torres Gemelas. Entonces llevaba un tiempo pensado regresar a España, pero el ataque terrorista, que afectó al edificio de Bank of New York (su lugar de trabajo), precipitó el retorno a su país de origen.

Pepe Nieto (derecha), junto a su pareja Cristina y el contrabajista Ron Carter, amigo personal

Pepe se estableció en Chamberí y su lugar de residencia marcó su adhesión a los movimientos ciudadanos: por el año 2007 vivía enfrente del Tercer Depósito y esperaba disfrutar del parque prometido por Gallardón para este espacio. Pero el cambio de proyecto que ideó Esperanza Aguirre, con un campo de golf en su lugar, le enojó hasta el punto que empezó a protestar contra algo que consideraba un sinsentido. Primero lo hizo él solo, dejando en los árboles cercanos pequeños mensajes como Parque Sí, no al golf, y luego se encontró con el grupo de amigos que le acompañaría hasta sus últimos días, cuando se unió a los vecinos que compartían sus mismas quejas. Diez años después, su lucha se vio recompensada con la orden de demolición de un lugar que había sido construido al margen de toda la legalidad.

Además del activismo vecinal, que también le llevó a participar del 15-M, Pepe era cocinero. Curtido en los fogones de la Gran Manzana, en 2013 se animó a abrir su propio restaurante en la calle Sandoval, haciéndose con un lugar -El Ferry- que llevaba cerrado un tiempo y que contaba con una decoración clásica de motivos marineros que recuperó. Lo limpió, le puso lamparas, flores, luces y lo utilizó para albergar pequeños conciertos de jazz, otra de sus pasiones. Era -lo sigue siendo- un espacio luminoso, atractivo y diferente.

Pepe, saxofón en mano, en El Ferry

Pepe Nieto falleció víctima del cáncer la medianoche del pasado 4 de marzo y fue enterrado días después en el cementerio de Medina del Campo (Valladolid), su localidad natal. La noticia cayó como una bomba entre su familia y su amplio grupo de allegados, que le rindieron un sencillo pero emotivo homenaje en el Tanatorio Norte. El acto incluyó un poema de Angelina Gatell que reproducimos al final del obituario y también estas palabras: “Gracias Pepe, por habernos acompañado en esos años de gran movimiento vecinal, por conseguir el parque que nos habían arrebatado. Siempre estarás en nuestro corazón. Que la tierra te sea leve».

REENCUENTRO

En esa raya
tan delgada y confusa en que la vida
estrella sus mareas; en la linde del tiempo
donde los actos palidecen y se apagan
todas nuestras heridas,
me detendré.

Sé que habrá alguien esperándome.
Me tenderá una mano,
me llevará al lugar donde están ellos
con su canto y el mío no extinguidos.

Ven –me dirán sus voces inaudibles-.
La manifestación es a las siete.

Desplegaremos
con ardor las banderas, las pancartas.
Y unidos otra vez debajo de las pérdidas
-aún más heridos que la propia historia-,
levantando las manos con el gesto
de amor que siempre nos ha unido,
iremos repitiendo la consigna.

Y entonces, solo entonces,
cruzaré muy despacio la frontera
tan delgada que hay, que siempre ha habido,
entre mis sueños y la nada.